domingo, 21 de octubre de 2018

El paso a bajo nivel de la calle Conesa, Quilmes (2da parte)


      En el mes de julio, publiqué una nota en el blog referida al proyecto de paso a bajo nivel en el eje de las calles Conesa-Santa Fe (hoy Rodolfo López). Aquel artículo es una transcripción de uno aparecido en un anuario del diario El Sol.


      En esta oportunidad, nos trasladaremos al año 1941 y veremos cómo reflejó la misma noticia otro medio gráfico: la revista quilmeña Urraca. Recordemos que la obra finalmente no se realizó, y recién varias décadas después fue concretada en los ejes de las calles Alberdi-Olivieri y Saavedra-San Luis.



Características del cruce a bajo nivel de la calle Conesa, próximo a erigirse.

      (…) en el deseo de ampliar la información suministrada con nuevos detalles de naturaleza técnica, para dar una idea más cabal de los que será la construcción proyectada, consignamos los pormenores considerados como necesarios y convenientes para mejor ilustración del vecindario.
He aquí, pues, las características principales del puente:
·         Altura libre del paso a bajo nivel: 4,75 metros.
·         Calzada libre: 8 metros.
·         Desagües: desde la calle Uriburu (actual Yrigoyen) a empalmar con el conducto Cervecería Argentina, por la calle Santa Fé-Conesa, de hormigón, llevado por las aceras.
·         Paso de peatones: con veredas a 0,50 metros sobre el nivel de la calzada protegida por parapeto de un metro de alto, con acceso de escaleras.
·         Pendiente de la calzada a bajo nivel: 4,5 por ciento.
·         Aguas de la calzada: recogidas por alcantarilla central y llevadas al conducto central de desagüe por una estación central de bombeo.
·         Pavimento: será de granitullo por su mejor adherencia de rodamiento.
·         Muros de contención: de mampostería.
·         Acceso a propiedades privadas: Se ha contemplado el acceso directo mediante una calzada lateral de 5 metros y acera de 1 metro.
      En cuanto a la altura libre, puede observarse que ella ha sido llevada a 4,75 metros en cambio de la normal de 3,50 metros, facilitando así el paso cómodo y holgado, de cualquier tránsito, liviano y pesado.
      Los arranques de pendiente están retirados de las bocacalles y serán provistos de las señales luminosas reglamentarias para prevenir posibles accidentes. La calzada libre se ve reducida a 8 metros por haberse calculado el paso de peatones de la manera más lógica y exenta de peligro, desde el momento que se halla sobreelevada en 0,50 metros y protegida por el parapeto de un metro, lo que hace una altura total de 1, 50 metros, libre de riesgo de la calzada al peatón.
      Los desagües son proyectados para producir, no solo en el desagotamiento del puente, sino el de un amplio sector central, con el desagüe previsto que correrá sobre la acera sur de las calles Santa Fe-Conesa, partiendo de Uriburu hasta empalmar con el sistema de la calle Cervecería (hoy Gran Canaria) en 45° sobre su tercio medio, para su mayor succión.
      La pendiente del paso a nivel será de 4 ½ %, pendiente ésta que no alcanza al límite y que es de fácil acceso para cualquier vehículo.
      La capa de pavimento será sustituida por una de piedra granitullo, por ofrecer esta mayor adherencia al rodamiento.
      El agua de precipitaciones pluviales que se acumulen en la superficie delimitada por las zonas del paso, o sea, desde sus arranques en las calles Uriburu y Cervecería, será absorbida por una alcantarilla central bajo el paso a nivel, y llevada al conducto de desagüe general por una estación de bombeo calculada al efecto.
      En los que se refiere a los muros de contención, ellos son objeto de un detenido estudio, a fin de procurarles un agradable aspecto, desde el doble punto de vista artístico y estético.

Carlos España, jefe del Departamento de Obras Públicas de la Municipalidad de Quilmes.

      Tales son, escuetamente esbozadas, las características del puente que vendrá a agregarse en fecha próxima al patrimonio de nuestra ciudad de Quilmes. Su construcción, con verse un tanto retardada por razones de tramitación y estudio, puede considerarse un hecho; un hecho auspicioso y halagador que concita el reconocimiento del vecindario a la administración del actual comisionado municipal doctor Alberto Valdez y sus asesores y colaboradores.

Guillermo Leguizamón, presidente del Directorio del Ferrocarril del Sud.

      El doctor Guillermo Leguizamón, presidente del directorio del Ferrocarril del Sud, cuyas simpatías por Quilmes quedan evidenciadas con este hecho, tiempo ha que deseaba arbitrar una solución favorable al angustioso problema del cruce de las vías ferroviarias en el centro de la urbe. Múltiples inconvenientes le impidieron llevar a buen fin su viejo anhelo.
      Al haber tenido la oportunidad de conversar con él en estos días, hemos podido percatarnos de cuán grande es la satisfacción que siente el citado alto funcionario y personalidad descollante de los círculos metropolitanos, al estar en vías de rematar la magna obra, de la que tanto provecho se ha de derivar.

Arquitecto Mario Lagos

      En cuanto al departamento de obras públicas de la Municipalidad, justo es destacar la ímproba labor a que se aboca en el estudio del asunto en cuestión. En realidad todos los integrantes de esta rama municipal dedican sus mayores desvelos a la solución del problema. El jefe de dicho departamento, ingeniero Carlos España, así como el estimado convecino, ingeniero Luis A. Casabona Aranda y el arquitecto Mario C. Lagos, se están multiplicando y dando muestras de un ahínco altamente plausible para que Quilmes, dentro de pocos meses, cuente entre sus obras públicas , al magnífico puente que tantos beneficios habrá de deparar a la ciudad. Vaya a estos diligentes y laboriosos funcionarios de la comuna, nuestra palabra de aliento y nuestro más sincero aplauso.

      A pesar de las palabras de aliento y orgullo que pueden leerse en la revista Urraca, la obra del paso a bajo nivel quedó trunca. Y me despierta gran curiosidad saber qué fue lo que ocurrió, cuáles fueron los motivos por los cuales el trabajo no se realizó. Pero esto… será tema de otra investigación.

Marcelo Pablo Scévola (transcripción)

Fuente: revista "Urraca"

jueves, 11 de octubre de 2018

El nuevo edificio del diario La Opinión (Avellaneda)


      El 15 de agosto de 1927 el diario “La Opinión” de Avellaneda inauguró su nuevo edificio en la calle Alsina. Hasta ese momento, y desde que lo fundara Don Carlos Nicora el 1° de Diciembre de 1915, había funcionado en la avenida Mitre 844. 

La fachada del edificio en el momento de su inauguración.

     Como sus integrantes lo contaban en el propio diario, “…en 1915 se iniciaba, entre las sonrisas de muchos y el escepticismo general, la publicación de la primer hoja diaria que habría de seguir apareciendo ininterrumpidamente en Avellaneda. Sonrisas y escepticismos tenían acaso su razón de ser: la proximidad a la gran metrópoli con su admirable organización periodística, creíase una valla insalvable para el éxito de un diario local. La idiosincrasia del vecindario, se nos decía, no va a permitir el afianzamiento de una empresa semejante. Sin embargo teníamos fe, profunda fe en la victoria y para ello nos atentaba la voluntad firme, la capacidad indiscutible, el concepto claro que del periodismo tenían los timoneles a cuyo cargo estaba el arribo a feliz puerto. Y no nos equivocamos. Nuestro afianzamiento débese precisamente a ese alto concepto de la misión periodística que ha sido, es y será la única norma de La Opinión”.

Aviso que nos informa de varios datos acerca del diario

      Fue en aquellos años el diario de mayor circulación en Avellaneda. Nicora, además de su fundador, fue su primer director. A él le siguieron Arístides Belgrano en 1916, Pedro J. Molinari en 1919, y J. Alberto Siciliano en 1923, a quien le tocó en suerte inaugurar la flamante casa.

Portada de "La Opinión" de la época en la que inauguró su nueva casa.

      Durante estos primeros años de existencia, La Opinión conservó prácticamente el mismo personal en sus talleres. Federico Badié, Arturo Lucca, Diego Silva, Manuel Couso, Reinaldo Berdejo, Luis González, Pedro Cunioli, Alfredo Desimone, Alfonso Camps, Eulogio Barrera, entre otros, fueron algunos de sus operarios iniciales. El señor Ernesto Siciliano ejerció la dirección de los talleres desde la fundación del diario.

Carlos D. Nicora, primer director y fundador de "La Opinión".

      Y como esta nota trata sobre el nuevo edificio, veamos quienes han intervenido en su construcción. El mismo diario nos lo cuenta: “Los planos fueron confeccionados por los ingenieros Luis Roasenda y Manuel Pereyra Ramírez, actuando como director de los trabajos el conocido empresario Don Isabelino Carril y teniendo a cargo la construcción el constructor Francisco Ferrara”.

Máquinas de imprimir

      En cuanto a las maquinarias y su funcionamiento, “la ilustración gráfica relacionada con nuestros talleres de tipografía y encuadernación, demuestra conjuntamente con la amplitud del local en que está establecido, el material de máquinas que justifica su intensa actividad diaria. Tres minervas y una máquina plana constituyen el material destinado a los trabajos de obra que realizan los talleres, complementadas aquellas, como es rigor, por máquinas guillotina, cosedoras, perforadoras, etc., todas ellas movidas a energía eléctrica.

Máquinas tipográficas

      En cuanto respecta al diario mismo, su confección se realiza por medio de dos máquinas “Tipograph” y una máquina plana Ausburg instalada recientemente por la empresa metropolitana Curt Berger y Cía. (…) su gran velocidad permite alcanzar hasta cerca de 2.000 impresiones por hora”.

Vista general de los talleres

Sala de redacción

El día de la inauguración

      “La inauguración de nuestra casa nos ha proporcionado emociones intensas y satisfacciones alentadoras. Era nuestro propósito realizar, en celebración de aquel acontecimiento, una fiesta sencilla, reducida al placer de reunir en nuestra casa _nuestra nueva casa_ un núcleo de las amistades creadas en torno de nuestra obra diaria; pensábamos traducir nuestro agradecimiento al favor público por medio de una modesta reunión, ajenos, desde luego, a la sorpresa que nos esperaba y que para ser fieles a la información necesaria, debemos condensar en la única expresión ajustada: “nuestra casa se llenó de gente”.
      En efecto, habíamos considerado que un buen grupo de amigos de La Opinión _suscriptores, avisadores, personas, en fin, vinculadas a las actividades del diario_ concurrirían a nuestra casa, y participarían de una tertulia a la que no le asignáramos carácter trascendente. La realidad, defraudó sencillamente nuestra previsión, halagándonos con el concepto de que hemos de haber ahondado mucho en el corazón del pueblo de Avellaneda  para merecer una satisfacción tan significativa”.

Administración

Dirección

Antes de la hora del lunch

      Mucho antes de la hora anunciada para la ceremonia de la inauguración oficial de nuestra casa, comenzaron a afluir a la misma los amigos de La Opinión, los que a medida que iban llegando eran conducidos por redactores o empleados a las distintas salas de la dirección, redacción, corrección y finalmente a los talleres, en una detenida visita de observación a todos los implementos para la confección material del diario.
      Los concurrentes improvisaron luego animadas tertulias a la espera de la hora de inauguración. Entretanto las personas continuaban afluyendo en una proporción realmente inesperada, y tomando ubicación en la forma que podían hacerlo en el espacio de nuestros talleres.

Mesa tendida en el hall del flamante edifico durante el día de su inauguración.

      Más de 600 personas concurrieron al acto inaugural, el que se inició después de las 18 horas de aquel 15 de agosto. Todas se fueron ubicando en largas mesas preparadas para el festejo y en otras improvisadas en el momento, dada la cantidad de asistentes no previstos.
      Abrió el acto el director del diario, el señor Siciliano, quien luego cedió la palabra a su antecesor Pedro Molinari. En su discurso, Molinari evocó los primeros momentos de La Opinión, “sus luchas y vicisitudes, su optimismo y perseverancia que le dieron el triunfo”. Recordó la labor de los primeros hombres del diario y su propio paso por el mismo en la dirección.
      Uno de los fundadores y primer director, el señor Carlos Nicora, tomó posteriormente la palabra, siendo saludado con una ovación. Era aquella una época en la que los discursos se escuchaban con atención; la aún novedosa radiofonía y el cine todavía silente, hacían que la voz en vivo despertara un gran interés. Los discursos de quienes habían conducido “La Opinión”, y de representantes de otros diarios como “La Nación”, “El Diario”, “La Unión”, “La Fronda”, etc. continuaron un buen rato.

Mesa dispuesta en los talleres.

Dos días después, “La Opinión” reflejaba en sus líneas los sentimientos por los festejos del día 15, y a continuación los reproduzco como muestra de la forma en la que el diario editorializaba en aquellos años:
      “Excúsesenos si decimos que la emoción nos embarga. Esa es la verdad y ella debe expresarse leal, sinceramente.
      Emoción explicable la nuestra. Sabíamos que formaban legión los amigos de la casa, que nuestro prestigio estaba firmemente arraigado en el vecindario porque era el fruto de doce años de doce años de labor periodística honesta e irreprochable en todos sus aspectos, pero la realidad del acto celebrado superó en absoluto a las previsiones del justo optimismo.
      He aquí las causas que hirieron hondamente nuestra fibra emotiva hasta hacerla vibrar de manera intensísima. Lo más calificado de Avellaneda y destacados representantes del alto periodismo metropolitano y provincial, estaban en nuestra casa participando, con nosotros, de la hora de júbilo y de íntima satisfacción que vivíamos, hora que importaba la legítima compensación de otras amargas de esfuerzos y sacrificios, aunque nunca de vacilaciones.

Titulares de "La Opinión" luego del día de la inauguración.

      ¡Bello, por cierto, el espectáculo de anteanoche, bello y reconfortante por su significado y su contenido! Marginando la mesa tendida en honor del pueblo, estaba el pueblo tal cual es en la vida diaria; sus tendencias políticas, ideológicas, filosóficas y sociales hallábanse, sin excepción, representadas.
      ¿Quiérese una más concreta demostración, diríamos gráfica, del contenido de nuestra fiesta? La conjunción de hombres representantes de las más diversas ideas en un solo fin _el de expresar su adhesión a nuestro diario y su complacencia por el éxito obtenido_ constituye, dicho sea sin vanagloria pero con firmeza, la expresión inequívoca del más rotundo y más resonante de los triunfos alcanzados por La Opinión en su ya larga vida de trabajo fecundo y dignificador.
      Es en la victoria de la honestidad periodística puesta al servicio del pueblo sin distinción de clases ni de tendencias; es la cosecha de la siembra cumplida en tierra fértil con manos limpias y mente sana; es el fruto de la comprensión de la verdadera y única misión del periodismo, puesta en práctica desde el primer día y mantenida siempre como norma invariable a despecho de todas las sugestiones inferiores y de todos los halagos fáciles.
      He ahí el contenido superior de nuestra fiesta: la aprobación del pueblo, representado en sus múltiples actividades cotidianas, a la labor impersonal, serena, culta y ecuánime de La Opinión a favor de los bien entendidos intereses populares.
      Y, demás está decirlo, si la fiesta de la casa propia, nos ha halagado y nos ha conmovido por sus inusitadas proyecciones, tiene, para nosotros, otros alcances: nos ata, como un compromiso de honor, a la senda recorrida para proseguirla sin variaciones y nos liga más íntimamente aún a este culto y progresista vecindario de Avellaneda que, de algún modo, fue el verdadero triunfador de anteanoche.

El edificio, hoy.

      El edificio del desaparecido diario “La Opinión” aún se yergue en la calle Alsina, a metros de la plaza principal de Avellaneda. El aspecto que presenta es lamentable, por decir algo suave. 

El edificio de la calle Alsina en una imagen que muestra su importante degradación.

      La degradación de la fachada lo hace casi irreconocible si se compara con la imagen del día de la inauguración. Recortado el coronamiento y eliminada la cornisa, perdió buena parte de la ornamentación; los balaustres del balcón fueron brutalmente eliminados y reemplazados por una masa compacta de material. En la planta baja, ya nada queda de la puerta vidriada, los ventanales, ni las farolas.

Un detalle de la triste actualidad del edificio; no fue importante tapar lo poco que queda de su ornamentación a la hora de colocar un aparato de aire acondicionado.

      Aún así, el edificio sigue en pie. Y encontrándose en pleno casco histórico de Avellaneda, no sería un imposible la reconstrucción de la fachada como era originalmente; solo es una cuestión de decisión.


Marcelo Pablo Scévola (investigación y transcripción)

Fuente: diario "La Opinión"

sábado, 22 de septiembre de 2018

Las distintas etapas de la edificación y la arquitectura en Quilmes (por Marcelo Traversi)


      En el año 1935, Marcelo Traversi (de quien ya publiqué una nota referida a su libro “Estampas de antaño”) escribió para el número especial de “La Verdad” del día 9 de julio de aquel año, un artículo referido a la evolución de la arquitectura en Quilmes. El extenso escrito está acompañado de una serie de imágenes que, según se aclara en el mismo, fueron aportadas por el autor. Dentro de esas imágenes, hay varias casas que lamentablemente ya no existen. Otras, en cambio, sobrevivieron a la brutal e inevitable ola de demoliciones de los últimos años. En estos casos, acompañaré la antigua vista con una actual. Vayamos al artículo de Traversi:

Las distintas etapas de la edificación y la arquitectura en Quilmes

      Fracasada la adaptación al lugar de los indios Quilmes: “Declárase al pueblo de los Quilmes libre para toda clase de personas” el día 14 de agosto de 1812. De inmediato se resuelve la división de su terreno y en marzo de 1818 el piloto agrimensor Francisco Mesura entrega el plano e interviene en el sorteo de los 554 solares, 12 quintas y 72 suertes de chacra que lo componen entre los ya posesionados y los peticionantes de donación que se obligan a construir en la cesión: la casa., el pozo y el cercado, dentro del plazo de un año.
      Los primeros edificios fueron en su casi totalidad ranchos de dos piezas, de quincho, con techo de paja a dos aguas, piso de tierra y un parral haciendo de galería. Uno de ellos estaba en el año 1885 en Videla y Sarmiento. En igual formato se hace después con pared de ladrillo, uno que está hoy (año 1935) en Belgrano y Olavarría. 

Casa con techo de paja. Las chapas sobre el mismo y la cocina se agregaron después.

      Por último se hace igual con techo de tejas, otro, en el año 1827, que está en la esquina de Lavalle y 25 de Mayo. Ninguna tiene galería ni cocina. En algunas se prolonga el alero del bajo de las puertas. Suple a la cocina una estufa hecha en unas, o un cobertizo hecho lejos de la casa, en otras. La de la siguiente imagen está construida en una chacra edificada en el año 1830.

Casa de chacra, con la cocina agregada más tarde.

      Este tipo de obra hecho durante un tiempo mayor de cincuenta años en solares y chacras de aquí y Florencio Varela _ que antes formó parte de Quilmes_ ha sido la primera manifestación de arquitectura, que se hizo estilo, de la aldea. Una de las últimas casas, hecha en 1885, que está en la calle L. N. Alem 129, ya tiene galería y cocina.
      Durante la tiranía de Rosas se hacen muchas casas con techo de azotea con tirantes de madera dura o troncos de palmera, que toman proporciones mayores que las ya citadas; las construidas en esquina no tienen ochava, hasta ese momento _salvo rara excepción_ después de techada la casa; los únicos detalles de conclusión son: poner las aberturas, hacer los pisos de ladrillo y revocar en bosta el interior y en cal al exterior. En el año 1845 estaba ya construida la casa de dos pisos en Rivadavia y Mitre, y en 1849 se hace la de la esquina de Rivadavia y Sarmiento, suntuosa para esa época; que por su estilo renacimiento, no desentona hoy frente a la plaza principal. Una clara visión del porvenir de Quilmes han tenido quienes las han construido, en plena tiranía.

Casa de dos pisos en Mitre y Rivadavia, construida en 1845.

Casa en Sarmiento y Rivadavia construida por el cura párroco Andrés Ramos, vendida a Andrés Baranda, y luego del Dr. Antonio Barrera Nicholson. A la izquierda se ve parte de la Plaza San Martín.

      Después de la caída de Rosas, tomó aquí impulso la edificación. Se hace en 1858 en el suburbio de ese entonces, una casa con techo de azotea al lado de la más primitiva. Era el tipo de casa, más o menos grande usado por la gente algo pudiente.

Casa de la calle 25 de Mayo y Lavalle.

      Entre los pocos maestros de obra de ese tiempo, el más capaz ha sido don Santiago Laurnaga; quien en 1863 construyó la iglesia, y después, un gran número de edificios, comprendido entre los mejores de ese tiempo.
      En todo el partido de Quilmes había 1.156 edificios en el año 1869 entre los cuales 783 eran ranchos y casas de los tipos de las figuras 1 y 2; diez casas de azotea de tres cuerpos; 24 iguales de dos cuerpos; 265 de un cuerpo; y 76 casas de madera. Entre esa época y 1900, la población de origen italiano y español en mayoría, adopta para sus edificios los estilos de su país de origen. El toscano, dórico, corintio y renacimiento predominan, aunque interpretados en forma más o menos rudimentaria. La siguiente imagen presenta un grupo de casas hechas todas entre el año 1871 y 1885.

Casas de la esquina S.E. de Garibaldi entre Mitre y Sarmiento.

      La población era estable. Pero las familias más pudientes tenían casa para su residencia aquí y en Capital Federal. Los malos caminos y primitivos medios de transporte, les hacía preferible residir aquí en el verano y en la ciudad en el invierno; quedando al cuidado de un casero las viviendas. Esa costumbre hizo a Quilmes pueblo de veraneo. Razón por lo que se edifican aquí muchas casas quinta. Todas son de tres cuerpos, distribuidas en forma de H. 

Casa quinta en la esquina de Yrigoyen y Brandsen.

       Como la tierra poco o nada costaba, la casa ocupaba siempre todo el solar. La distribución no es problema; se hacen numerosas y amplias habitaciones, anchas galerías y grandes patios. En estas como en las casas de gente pudiente, siempre se hace la cochera al fondo, con piso alto y unida a ella un W.C. No tienen cuarto de baño. Los pisos son de baldosas. Las casas amplias de alquiler era común verlas el desocupadas en invierno y alquiladas todas antes de diciembre. El automóvil y los buenos caminos modificaron ese carácter.
      El formato de distribución en L, era común para todas las casas. Las hechas en esquina tienen una hilera de piezas a la calle en cada frente, la cocina al final, un zaguán entre dos piezas comunicadas entre sí y la galería con el largo de toda la casa. A mitad de cuadra es en igual forma; edificando todo el frente y una hilera de piezas en la medianera.
      Aparte de las casas de negocio, casi todas en la calle Rivadavia o Mitre, de las no muchas de familias pudientes, y las casas quinta, el resto de los edificios eran en su casi totalidad del formato de los de las imágenes 1, 2 y 5 (las casas de azotea) aunque algunas eran más grandes. Y hasta el año 1885, la casi totalidad de la edificación del pueblo estaba en los solares comprendidos entre las avenidas Brandsen, Centenario (Yrigoyen), Alberdi y la parte alta de la barranca. Hasta 1873 _fecha en que el agrimensor Paulino Silva la dividió en manzanas_ había un horno de ladrillos en la quinta entre las calles Brandsen, Libertad, Guido y Pringles denominado “de la Virgen”, lugar en que a profundidad mayor de un metro se halló hace poco la bóveda de un horno de cuatro metros de diámetro dividido en dos secciones, conteniendo gran número de huesos de animales y algunos humanos _según versiones_ horno que no siendo a propósito para la cocción de ladrillos, falta conocer su aplicación.
      Entre los años 1880 y 1890, en que el presidente Roca fomentó la inmigración, llegaron al país muchas personas, con capital y espíritu de iniciativa. Terminada la donación de los solares, el aumento de la población y del trabajo hicieron tomar valor a la ocupación de la casa y a la tierra. Se comienza entonces, en 1890, por subdividir en lotes al lado N.O. de los solares. La iniciativa tuvo poco éxito. Siete años después, se mata al vuelo una perdiz en “los lotes” de Paso Y Brown. En 1900 vuélvese a poner en venta lotes de terreno en ese lugar, y se alcanza a realizar operaciones. Hecha sistema esa forma de enajenación de la tierra a pagarse en largos plazos, es adquirida por personas de escasos recursos, a las que el alza del valor del alquiler que motiva el aumento de la población, le hace conveniente construir su humilde casita. El éxito alcanzado más tarde en esas ventas, las hizo extensivas a los solares como a las chacras. Puede afirmarse que desde ese momento comenzó a extenderse el radio de la población, edificándose en forma ininterrumpida _con alternativas de mayor o menor progreso_ hasta hoy. Mucho han contribuido a ese adelanto, los nuevos pavimentos hechos fuera de la zona céntrica. Siempre el número de casas edificadas en cada año, es mayor en los terrenos vencidos por mensualidades, que las construidas en los solares del antiguo pueblo.
      La subdivisión de la tierra, y el progreso alcanzado en el arte de construir, hizo necesario abolir la vieja forma de distribuir, como también del formato de la vivienda. En la distribución se crean nuevos locales y se cambia el trazado en forma tal que hace posible el tener en poco terreno, todo lo necesario para la vida cómoda; sin que por ello falte buena aireación, sol, y la perfecta higiene que la hacen posible las obras sanitarias en servicio.
      El enriquecimiento fácil, propio del momento, se traduce en edificios confortables. El extranjero, añorando quizás su patria, habrá querido tener en esta _la adoptiva_ un retazo de su país representado con la casa típica de su tierra. Solo lo dicho podría explicar la gran diversidad de estilos de arquitectura que del 1900 hasta hoy, sin mayor análisis, se usan en Quilmes. Un cotage inglés, un chalet francés o uno suizo embellecidos por la perspectiva en su lugar de origen, al ser construidos aquí en lotes de diez varas de ancho entre dos casas, producen la impresión de cosa puesta fuera de su sitio. Cuando esas obras alcanzan regulares proporciones, dado el valor alcanzado hasta hoy por la tierra, no puede una razón financiera, justificar el privarlas del mínimo de terreno que exige el estilo elegido.
      Los materiales de cada lugar, condición de clima, costumbres, riqueza y gusto artístico de la gente, determinan un conjunto de materiales y formas, bien definidos, por responder cada detalle a una función necesaria. Eso es lo que a todos conviene y todos usan. El tiempo lo hace estilo del lugar. Cada país o pueblo lo tiene, Quilmes no. Se da la exagerada pendiente que conocemos al techo suizo para que resbale, al caer, la nieve, y no para que sea más bonito. Si la pendiente fuera menor, se detiene en él la nieve y se hunde. Aquí no cae pero se hace techo suizo.
      De los muchos estilos aplicados en Quilmes, unos fueron más, y otros menos usados. El Luis XV, que despertó gran entusiasmo, decayó al poco tiempo de aplicarse. Igual fin ha tenido el Art-Nouveau. En cambio el bungalow inglés, y el chalet francés son los estilos más usados hasta hoy, aunque no siempre interpretados en forma acertada.

Casa de la calle Belgrano 631

La casa de Belgrano 631 aún en pié en 2010. Un tiempo atrás fue demolida, lamentablemente.

Casa en la esquina de Garibaldi y Libertad.

La casa de Garibaldi y Libertad en la actualidad

      La paralización de capitales que a consecuencia de la guerra se produjo por más o menos una década, aminoró aquí en forma tan extremada el adelanto de la edificación, que obligó a muchos contratistas de obras a cambiar de oficio.
      Quilmes ya tiene una casa de tres pisos: ese diminuto rascacielos para la ex aldea, está ubicado en la calle San Martín al llegar a Olavarría.
      La posguerra impuso un problema en arquitectura, el mayor aprovechamiento del espacio, y la disminución del costo de obra. De su solución surgió un nuevo estilo, usado en Rusia y Alemania. Del mismo se han construido ya varias casas en Quilmes. Esos edificios con grandes ventanales, amplios balcones y terrazas a la calle, que le dan un algo de aspecto de barco, permiten al ocupante aprovechar del ambiente interior como del exterior. Pero la repetición de sus invariables motivos, que responden al principio igualitario, puede motivar su decadencia _pasado el interés de la novedad_ si a tiempo no se le diera un toque de arte.
      Más usado es hoy el denominado moderno o futurista; estilo no bien definido aún, pero el cual permite a cualquier albañil, el sentirte un artista. Lo más difícil en arquitectura es el crear estilo. No siempre resulta arte, por consiguiente, la revelación del genio improvisado. Algunas creaciones de ese carácter que por largos años estarán en la fachada de muchas casas de Quilmes, cuando el estilo _si subsiste_ haya llegado a la pureza y definición de sus formas, podremos apreciar si es arte o no lo es.
      Los datos estadísticos proporcionados por la Municipalidad y que a continuación se detallan, del movimiento de la edificación en este partido, demuestran, que a pesar de la incertidumbre del ambiente, consecuencia en parte de la crisis mundial, Quilmes ha progresado en forma ascendente.
      Movimiento de edificación de tres años próximos pasados:


      A pesar de que la ciudad de Quilmes, como todos los pueblos antiguos, adelanta con mayor dificultad que los de creación posterior, debido a los edificios viejos existentes, la vista panorámica tomada de su lado S.O. desde la plaza principal puede dar idea de la extensión ya alcanzada por su edificación. 


Vista panorámica de Quilmes.

     Otras vistas tomadas de algunas calles céntricas, pueden demostrar el cambio que se ha operado desde los primeros edificios que hicieron estilo en el pueblo de los Quilmes, hasta los más modernos _de la hoy ciudad_ en los que se interpretan estilos y se aplican materiales, de lo más perfeccionado hoy en el arte de construir.


Casa de Alem 279, proyecto del ingeniero Juan Pollak, constructores Broeders y Braga; y chalet de Alem esquina Alvear, proyecto del arquitecto German Zundt, constructores Cairoli Hnos.


Las mismas construcciones hoy, despreciadas y convertidas en verdaderos cambalaches.
  
Casa de Rivadavia y Paz, proyecto del arquitecto German Zundt, constructores Cairoli Hnos.; y Rivadavia 430, proyecto del ingeniero Ricardo A. González, constructor Alfredo Fossati.

Las casas de la imagen anterior convertidas en un centro comercial.

Marcelo Traversi (autor del artículo)

Marcelo Pablo Scévola (Transcripción)

Fuente: periódico "La Verdad" (colección del autor)