sábado, 22 de septiembre de 2018

Las distintas etapas de la edificación y la arquitectura en Quilmes (por Marcelo Traversi)


      En el año 1935, Marcelo Traversi (de quien ya publiqué una nota referida a su libro “Estampas de antaño”) escribió para el número especial de “La Verdad” del día 9 de julio de aquel año, un artículo referido a la evolución de la arquitectura en Quilmes. El extenso escrito está acompañado de una serie de imágenes que, según se aclara en el mismo, fueron aportadas por el autor. Dentro de esas imágenes, hay varias casas que lamentablemente ya no existen. Otras, en cambio, sobrevivieron a la brutal e inevitable ola de demoliciones de los últimos años. En estos casos, acompañaré la antigua vista con una actual. Vayamos al artículo de Traversi:

Las distintas etapas de la edificación y la arquitectura en Quilmes

      Fracasada la adaptación al lugar de los indios Quilmes: “Declárase al pueblo de los Quilmes libre para toda clase de personas” el día 14 de agosto de 1812. De inmediato se resuelve la división de su terreno y en marzo de 1818 el piloto agrimensor Francisco Mesura entrega el plano e interviene en el sorteo de los 554 solares, 12 quintas y 72 suertes de chacra que lo componen entre los ya posesionados y los peticionantes de donación que se obligan a construir en la cesión: la casa., el pozo y el cercado, dentro del plazo de un año.
      Los primeros edificios fueron en su casi totalidad ranchos de dos piezas, de quincho, con techo de paja a dos aguas, piso de tierra y un parral haciendo de galería. Uno de ellos estaba en el año 1885 en Videla y Sarmiento. En igual formato se hace después con pared de ladrillo, uno que está hoy (año 1935) en Belgrano y Olavarría. 

Casa con techo de paja. Las chapas sobre el mismo y la cocina se agregaron después.

      Por último se hace igual con techo de tejas, otro, en el año 1827, que está en la esquina de Lavalle y 25 de Mayo. Ninguna tiene galería ni cocina. En algunas se prolonga el alero del bajo de las puertas. Suple a la cocina una estufa hecha en unas, o un cobertizo hecho lejos de la casa, en otras. La de la siguiente imagen está construida en una chacra edificada en el año 1830.

Casa de chacra, con la cocina agregada más tarde.

      Este tipo de obra hecho durante un tiempo mayor de cincuenta años en solares y chacras de aquí y Florencio Varela _ que antes formó parte de Quilmes_ ha sido la primera manifestación de arquitectura, que se hizo estilo, de la aldea. Una de las últimas casas, hecha en 1885, que está en la calle L. N. Alem 129, ya tiene galería y cocina.
      Durante la tiranía de Rosas se hacen muchas casas con techo de azotea con tirantes de madera dura o troncos de palmera, que toman proporciones mayores que las ya citadas; las construidas en esquina no tienen ochava, hasta ese momento _salvo rara excepción_ después de techada la casa; los únicos detalles de conclusión son: poner las aberturas, hacer los pisos de ladrillo y revocar en bosta el interior y en cal al exterior. En el año 1845 estaba ya construida la casa de dos pisos en Rivadavia y Mitre, y en 1849 se hace la de la esquina de Rivadavia y Sarmiento, suntuosa para esa época; que por su estilo renacimiento, no desentona hoy frente a la plaza principal. Una clara visión del porvenir de Quilmes han tenido quienes las han construido, en plena tiranía.

Casa de dos pisos en Mitre y Rivadavia, construida en 1845.

Casa en Sarmiento y Rivadavia construida por el cura párroco Andrés Ramos, vendida a Andrés Baranda, y luego del Dr. Antonio Barrera Nicholson. A la izquierda se ve parte de la Plaza San Martín.

      Después de la caída de Rosas, tomó aquí impulso la edificación. Se hace en 1858 en el suburbio de ese entonces, una casa con techo de azotea al lado de la más primitiva. Era el tipo de casa, más o menos grande usado por la gente algo pudiente.

Casa de la calle 25 de Mayo y Lavalle.

      Entre los pocos maestros de obra de ese tiempo, el más capaz ha sido don Santiago Laurnaga; quien en 1863 construyó la iglesia, y después, un gran número de edificios, comprendido entre los mejores de ese tiempo.
      En todo el partido de Quilmes había 1.156 edificios en el año 1869 entre los cuales 783 eran ranchos y casas de los tipos de las figuras 1 y 2; diez casas de azotea de tres cuerpos; 24 iguales de dos cuerpos; 265 de un cuerpo; y 76 casas de madera. Entre esa época y 1900, la población de origen italiano y español en mayoría, adopta para sus edificios los estilos de su país de origen. El toscano, dórico, corintio y renacimiento predominan, aunque interpretados en forma más o menos rudimentaria. La siguiente imagen presenta un grupo de casas hechas todas entre el año 1871 y 1885.

Casas de la esquina S.E. de Garibaldi entre Mitre y Sarmiento.

      La población era estable. Pero las familias más pudientes tenían casa para su residencia aquí y en Capital Federal. Los malos caminos y primitivos medios de transporte, les hacía preferible residir aquí en el verano y en la ciudad en el invierno; quedando al cuidado de un casero las viviendas. Esa costumbre hizo a Quilmes pueblo de veraneo. Razón por lo que se edifican aquí muchas casas quinta. Todas son de tres cuerpos, distribuidas en forma de H. 

Casa quinta en la esquina de Yrigoyen y Brandsen.

       Como la tierra poco o nada costaba, la casa ocupaba siempre todo el solar. La distribución no es problema; se hacen numerosas y amplias habitaciones, anchas galerías y grandes patios. En estas como en las casas de gente pudiente, siempre se hace la cochera al fondo, con piso alto y unida a ella un W.C. No tienen cuarto de baño. Los pisos son de baldosas. Las casas amplias de alquiler era común verlas el desocupadas en invierno y alquiladas todas antes de diciembre. El automóvil y los buenos caminos modificaron ese carácter.
      El formato de distribución en L, era común para todas las casas. Las hechas en esquina tienen una hilera de piezas a la calle en cada frente, la cocina al final, un zaguán entre dos piezas comunicadas entre sí y la galería con el largo de toda la casa. A mitad de cuadra es en igual forma; edificando todo el frente y una hilera de piezas en la medianera.
      Aparte de las casas de negocio, casi todas en la calle Rivadavia o Mitre, de las no muchas de familias pudientes, y las casas quinta, el resto de los edificios eran en su casi totalidad del formato de los de las imágenes 1, 2 y 5 (las casas de azotea) aunque algunas eran más grandes. Y hasta el año 1885, la casi totalidad de la edificación del pueblo estaba en los solares comprendidos entre las avenidas Brandsen, Centenario (Yrigoyen), Alberdi y la parte alta de la barranca. Hasta 1873 _fecha en que el agrimensor Paulino Silva la dividió en manzanas_ había un horno de ladrillos en la quinta entre las calles Brandsen, Libertad, Guido y Pringles denominado “de la Virgen”, lugar en que a profundidad mayor de un metro se halló hace poco la bóveda de un horno de cuatro metros de diámetro dividido en dos secciones, conteniendo gran número de huesos de animales y algunos humanos _según versiones_ horno que no siendo a propósito para la cocción de ladrillos, falta conocer su aplicación.
      Entre los años 1880 y 1890, en que el presidente Roca fomentó la inmigración, llegaron al país muchas personas, con capital y espíritu de iniciativa. Terminada la donación de los solares, el aumento de la población y del trabajo hicieron tomar valor a la ocupación de la casa y a la tierra. Se comienza entonces, en 1890, por subdividir en lotes al lado N.O. de los solares. La iniciativa tuvo poco éxito. Siete años después, se mata al vuelo una perdiz en “los lotes” de Paso Y Brown. En 1900 vuélvese a poner en venta lotes de terreno en ese lugar, y se alcanza a realizar operaciones. Hecha sistema esa forma de enajenación de la tierra a pagarse en largos plazos, es adquirida por personas de escasos recursos, a las que el alza del valor del alquiler que motiva el aumento de la población, le hace conveniente construir su humilde casita. El éxito alcanzado más tarde en esas ventas, las hizo extensivas a los solares como a las chacras. Puede afirmarse que desde ese momento comenzó a extenderse el radio de la población, edificándose en forma ininterrumpida _con alternativas de mayor o menor progreso_ hasta hoy. Mucho han contribuido a ese adelanto, los nuevos pavimentos hechos fuera de la zona céntrica. Siempre el número de casas edificadas en cada año, es mayor en los terrenos vencidos por mensualidades, que las construidas en los solares del antiguo pueblo.
      La subdivisión de la tierra, y el progreso alcanzado en el arte de construir, hizo necesario abolir la vieja forma de distribuir, como también del formato de la vivienda. En la distribución se crean nuevos locales y se cambia el trazado en forma tal que hace posible el tener en poco terreno, todo lo necesario para la vida cómoda; sin que por ello falte buena aireación, sol, y la perfecta higiene que la hacen posible las obras sanitarias en servicio.
      El enriquecimiento fácil, propio del momento, se traduce en edificios confortables. El extranjero, añorando quizás su patria, habrá querido tener en esta _la adoptiva_ un retazo de su país representado con la casa típica de su tierra. Solo lo dicho podría explicar la gran diversidad de estilos de arquitectura que del 1900 hasta hoy, sin mayor análisis, se usan en Quilmes. Un cotage inglés, un chalet francés o uno suizo embellecidos por la perspectiva en su lugar de origen, al ser construidos aquí en lotes de diez varas de ancho entre dos casas, producen la impresión de cosa puesta fuera de su sitio. Cuando esas obras alcanzan regulares proporciones, dado el valor alcanzado hasta hoy por la tierra, no puede una razón financiera, justificar el privarlas del mínimo de terreno que exige el estilo elegido.
      Los materiales de cada lugar, condición de clima, costumbres, riqueza y gusto artístico de la gente, determinan un conjunto de materiales y formas, bien definidos, por responder cada detalle a una función necesaria. Eso es lo que a todos conviene y todos usan. El tiempo lo hace estilo del lugar. Cada país o pueblo lo tiene, Quilmes no. Se da la exagerada pendiente que conocemos al techo suizo para que resbale, al caer, la nieve, y no para que sea más bonito. Si la pendiente fuera menor, se detiene en él la nieve y se hunde. Aquí no cae pero se hace techo suizo.
      De los muchos estilos aplicados en Quilmes, unos fueron más, y otros menos usados. El Luis XV, que despertó gran entusiasmo, decayó al poco tiempo de aplicarse. Igual fin ha tenido el Art-Nouveau. En cambio el bungalow inglés, y el chalet francés son los estilos más usados hasta hoy, aunque no siempre interpretados en forma acertada.

Casa de la calle Belgrano 631

La casa de Belgrano 631 aún en pié en 2010. Un tiempo atrás fue demolida, lamentablemente.

Casa en la esquina de Garibaldi y Libertad.

La casa de Garibaldi y Libertad en la actualidad

      La paralización de capitales que a consecuencia de la guerra se produjo por más o menos una década, aminoró aquí en forma tan extremada el adelanto de la edificación, que obligó a muchos contratistas de obras a cambiar de oficio.
      Quilmes ya tiene una casa de tres pisos: ese diminuto rascacielos para la ex aldea, está ubicado en la calle San Martín al llegar a Olavarría.
      La posguerra impuso un problema en arquitectura, el mayor aprovechamiento del espacio, y la disminución del costo de obra. De su solución surgió un nuevo estilo, usado en Rusia y Alemania. Del mismo se han construido ya varias casas en Quilmes. Esos edificios con grandes ventanales, amplios balcones y terrazas a la calle, que le dan un algo de aspecto de barco, permiten al ocupante aprovechar del ambiente interior como del exterior. Pero la repetición de sus invariables motivos, que responden al principio igualitario, puede motivar su decadencia _pasado el interés de la novedad_ si a tiempo no se le diera un toque de arte.
      Más usado es hoy el denominado moderno o futurista; estilo no bien definido aún, pero el cual permite a cualquier albañil, el sentirte un artista. Lo más difícil en arquitectura es el crear estilo. No siempre resulta arte, por consiguiente, la revelación del genio improvisado. Algunas creaciones de ese carácter que por largos años estarán en la fachada de muchas casas de Quilmes, cuando el estilo _si subsiste_ haya llegado a la pureza y definición de sus formas, podremos apreciar si es arte o no lo es.
      Los datos estadísticos proporcionados por la Municipalidad y que a continuación se detallan, del movimiento de la edificación en este partido, demuestran, que a pesar de la incertidumbre del ambiente, consecuencia en parte de la crisis mundial, Quilmes ha progresado en forma ascendente.
      Movimiento de edificación de tres años próximos pasados:


      A pesar de que la ciudad de Quilmes, como todos los pueblos antiguos, adelanta con mayor dificultad que los de creación posterior, debido a los edificios viejos existentes, la vista panorámica tomada de su lado S.O. desde la plaza principal puede dar idea de la extensión ya alcanzada por su edificación. 


Vista panorámica de Quilmes.

     Otras vistas tomadas de algunas calles céntricas, pueden demostrar el cambio que se ha operado desde los primeros edificios que hicieron estilo en el pueblo de los Quilmes, hasta los más modernos _de la hoy ciudad_ en los que se interpretan estilos y se aplican materiales, de lo más perfeccionado hoy en el arte de construir.


Casa de Alem 279, proyecto del ingeniero Juan Pollak, constructores Broeders y Braga; y chalet de Alem esquina Alvear, proyecto del arquitecto German Zundt, constructores Cairoli Hnos.


Las mismas construcciones hoy, despreciadas y convertidas en verdaderos cambalaches.
  
Casa de Rivadavia y Paz, proyecto del arquitecto German Zundt, constructores Cairoli Hnos.; y Rivadavia 430, proyecto del ingeniero Ricardo A. González, constructor Alfredo Fossati.

Las casas de la imagen anterior convertidas en un centro comercial.

Marcelo Traversi (autor del artículo)

Marcelo Pablo Scévola (Transcripción)

Fuente: periódico "La Verdad" (colección del autor)

lunes, 3 de septiembre de 2018

Una ambulancia para el hospital de Bernal


      En julio de 1951, la Sociedad de Beneficencia Bomberos Voluntarios de Bernal y Hospital Dr. Julio Méndez recibió una ambulancia, en carácter de donación, por parte de la Caja Nacional de Ahorro Postal. El pedido había sido realizado por el doctor Vicente Carando al presidente de la institución Pedro Bonanni, quién ejercía ese cargo desde el año 1946 y lo haría hasta junio de 1952 cuando fue designado Ministro de Hacienda del gobierno de Juan Domingo Perón.


      El gesto “estaba inspirado en las disposiciones establecidas en la Carta Orgánica de la Institución, que autoriza destinar parte de las utilidades de cada ejercicio a obras sociales que signifiquen un auténtico beneficio para la colectividad” (1).
      El día de la entrega de la ambulancia se realizó una ceremonia en la que se encontraban, además de los ya citados, el presidente de la Comisión Directiva de la sociedad, Hugo Mascaretti; el Comisionado Municipal de Quilmes, Francisco Devoto Acosta; el presbítero Francisco Di Modugno; el Inspector General de la Comuna, Ángel Piccinini; los doctores Alberto Valdez, J. Saubidet, entre otros.

En la primera imágen puede verse en el centro a Pedro Bonanni, presidente de la Caja Nacional de Ahorro Postal. En la segunda, al presidente de la Comisión Directiva de la sociedad, Hugo Mascaretti, pronunciando su discurso. En la tercera, al presbítero Francisco Di Modugno bendiciendo la ambulancia. Y en la última, a los participantes observando el vehículo donado.

      Luego de entonarse las estrofas del Himno Nacional, el presbítero Di Modugno procedió a bendecir la ambulancia, la que fue ofrecida al hospital por el señor Héctor I. Beceyro, jefe del departamento de fomento de la Caja, quien pronunció un discurso del cual rescato algunas palabras:

      “Las asociaciones vecinales de fomento señalan en la vida de las ciudades y de los pueblos, lo que puede la constancia, el empuje y el desinterés de los hombres de buena voluntad, que toman a su cargo la tarea difícil de mejorar las condiciones de vida de sus convecinos. Nacen de un impulso generoso, generalmente no suficientemente comprendido por los futuros beneficiarios, y marchan entre la indiferencia de los demás y el apoyo y la incomprensión de los pocos que alcanzan a vislumbrar la trascendencia futura de la obra que se inicia y que alientan en sus corazones el amor al bien del prójimo. Muchas ilusiones, muchas esperanzas y pocos medios son, en síntesis, los elementos de que disponen los propulsores (…) Pero cuando la obra está realizada, el reconocimiento y el aplauso llegan espontáneos y calurosos, y ese es el premio al triunfo de la voluntad. La Caja Nacional de Ahorro Postal, institución de raíz típicamente popular, ha venido hoy a esta casa para traer su aporte en forma de una ambulancia., que ha de permitir perfeccionar los servicios  que presta el Hospital Vecinal de Bernal, uno de los organismos edilicios que merecen mayor consideración y que gozan de sólidos prestigios en la zona del Gran Buenos Aires. Así, las utilidades de la Caja vuelven a la sociedad en forma de obras de bien general y se cumple la consigna de dar al pueblo lo que es del pueblo (…)”

      Señor presidente de la Asociación Vecinal de Bernal: en nombre del señor presidente de la Caja Nacional de Ahorro Postal, que ha querido estar presente entre nosotros, pongo a vuestra disposición la ambulancia cuya recepción nos ha congregado en este acto, y en reconocimiento de que el grado de eficacia que han alcanzado los servicios de este hospital es el fruto de esfuerzo de los hombres capaces y desinteresados que dirigen sus destinos y de los que antes que ellos emprendieron la obra y previeron el futuro, invito a los presentes a que unamos nuestras manos en un aplauso, para los que ayer y para los que hoy trabajaron y trabajan en bien de los vecinos de Bernal” (2)

Casa central de la Caja Nacional de Ahorro Postal, ubicada en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Solis, Buenos Aires, fue inaugurada en 1943 durante la presidencia de Ramón S. Castillo. 

      En nombre de la entidad beneficiada pronunció un discurso el señor Hugo Mascaretti, quien dio paso a Pedro Bonanni, presidente de la Caja. Bonanni fue el encargado del mensaje político como representante gobierno nacional, resaltando el “concepto justicialista” de la acción y “destacando la obra cumplida por el gobierno del General Perón en materia de construcción de policlínicos, hospitales generales y de especialización, sanatorios de llanura y de montaña, casas-hogares para mujeres, ancianos y niños, colonias de salud, jardines de recreación (…) La Caja Nacional de Ahorro Postal, ampliamente identificada con el criterio del General Perón, ha considerado que la Asociación Bomberos Voluntarios y Hospital Vecinal de Bernal a merecido el apoyo que se le presta para el mejor cumplimiento de su obra humanitaria” (3)
    La ceremonia finalizó con un vino de honor para los concurrentes.

Pedro Bonnani, presidente de la Caja Nacional de Ahorro Postal, pronunciando su discurso frente a la flamante ambulancia.

La ambulancia

      El vehículo en cuestión es un Mercedes Benz 170, aparentemente del tipo V, cuyo período de producción se ubica en los años 1949 y 1950, con lo cual, al momento de la donación, era un modelo de última tecnología.



 Notas: 

(1)    Revista “Ahorro”
(2)    Diario “El Sol”
(3)    Revista “Ahorro"


Fuente: revista "Ahorro"
             diario "El Sol"
             "Revista de Arquitectura"

Marcelo Pablo Scévola (investigación)


miércoles, 22 de agosto de 2018

La estación de servicio del Automóvil Club Argentino en Avellaneda


      “En la ciudad de Avellaneda, poderoso exponente fabril y comercial de la provincia de Buenos Aires, que enorgullece a toda la Nación, el Automóvil Club Argentino inaugura hoy esta nueva estación de servicio, demostración de su creciente pujanza y de su inconmovible fe en el porvenir del país”
Horacio Morixe (Vicepresidente  segundo del Automóvil Club Argentino)

La antigua sede del Automóvil Club Argentino en Avellaneda en la esquina de avenida Mitre y 9 de Julio.

      Buena parte de los historiadores se ha empeñado en etiquetar a los años ’30 como “infames”. Nadie puede negar la política de fraude electoral y de reprochables acuerdos internacionales llevada adelante por los dirigentes conservadores de entonces, pero más allá de eso, la etiqueta de “década infame” (que como toda etiqueta no deja ver más allá de las aristas que ella misma produce) ha intentado tapar el enorme desarrollo y crecimiento que se produjo en la Argentina en ese momento impulsado por una fuerte intervención del Estado. Un ejemplo de esto fue la creación de Vialidad Nacional en 1932 y la construcción de miles de kilómetros de caminos en los años siguientes. Este aspecto es el que nos interesa en este caso, porque en él tuvo participación una de las instituciones más apreciadas de nuestro país, el Automóvil Club Argentino, cuya “obra edilicia desarrollada entre 1936 y 1943, a partir de la construcción de estaciones de servicio a lo largo y ancho del país, fue parte de uno de los emprendimientos más impactantes del que se tenga conocimiento en el mundo, convirtiéndose en una verdadera avanzada de modernidad” (1)   

Ubicación de la estación de servicio inaugurada. 

     En 1936 el ACA firma un acuerdo con la petrolera estatal YPF, el cual “acordaba al club un crédito en productos para la construcción de una red de estaciones de servicio, garantizado con los terrenos y edificios de las estaciones, además de una importante bonificación en el precio de la nafta. A cambio, el ACA se comprometía a vender exclusivamente productos de YPF”
    “La primera etapa comprendió las ciudades cabecera de las grandes rutas pavimentadas, en las que se construyeron edificios monumentales que eran a la vez sedes sociales, garajes y estaciones de servicio, y estaciones camineras a los largo de esas rutas” (2) 

Aspecto de la construcción sobre la calle 9 de Julio

      Dentro del plan, el ACA Avellaneda pertenecía al grupo denominado “estaciones suburbanas de la Capital Federal” junto a las construidas en Olivos, Don Torcuato, Ing. Maschwitz, Pilar, Luján y Punta Lara. 
      Desde el punto de vista arquitectónico, “se consideró desde un principio la conveniencia de que todos los edificios respondieran a un cierto carácter, o que tuvieran una identificación que los hiciera fácilmente reconocibles” (3) 

      El concurso para las estaciones de servicio fue ganado por el ingeniero civil Antonio Vilar, quien entre 1938 y 1943 tuvo a su cargo la construcción de nada más y nada menos que 189 obras.

Planos de las plantas baja y alta  de la estación de servicio relizados por el ingeniero Antonio Vilar.

Así como las extraordinarias construcciones del arquitecto Francisco Salamone permanecieron ocultas durante décadas gracias a las “etiquetas impuestas” de las que hablaba al comienzo, algo similar ocurrió con la obra magna e impactante de Vilar.

      Adentrándonos en el tema puntual de la nota, el propio ingeniero Antonio Vilar nos detalla la obra realizada en la sede Avellaneda del ACA: “Terreno en falsas escuadras y en dimensiones reducidas. Edificio en dos plantas. Como en el caso de Barracas, hemos optado por la oficina circular en la ochava, dividiendo la circulación y asegurando una zona de refugio para el público en la esquina. Sobre la medianera norte se ha ubicado la sala de espera, el toilet de señoras y las fosas con luz cenital de patios en primer piso.
   En el rincón, bajo la rampa, dependencias de personal, compresores y sótano. Sobre la medianera oeste, la rampa de acceso que sale directamente a la calle para obtener máxima playa. Surtidores en ambas calles aunque usando el tipo boxes, sobre 9 de Julio, para mayor rendimiento y porque esa calle permite salir reculando. En la playa de circulación, solo existe una columna central. La viga de fachada se apoya en vigas transversales  en cantiléver, solución que hemos adoptado en la mayoría de los edificios de este tipo, por la economía de espacio que significa y su correcto efecto. Adosado a la rampa el toilet de socios y estacionamiento para tres coches.
    La escasez de espacio en la planta baja, obligó a ubicar los lavaderos en el primer piso, donde se ha ubicado también el taller, la gomería y el departamento del jefe de la estación. En casos como este, lo mismo que en el de estacionamientos, las columnas de planta baja deben permitir un buen aprovechamiento de la planta alta, dentro de las medidas estándar para estacionamiento, lavaderos y otros usos. Estas medidas, lo mismo que los radios de las rampas, anchos de calles de circulación, radios de curvas en general, sobrecargas, etc. se encuentran en los manuales corrientes de estandarización de elementos constructivos.
     En planta baja se ha adoptado el mismo sistema de iluminación de Olivos" (4) (Los artefactos de luz consisten en medios globos comunes, embutidos en un casquete esférico).

La inauguración

      El diario “La Opinión” de Avellaneda nos relata la ceremonia de inauguración de la estación de servicio el día 27 de marzo de 1943:


   “En el interior de la playa de estacionamiento se había levantado un palco, adornado con los colores argentinos, motivo ornamental que se reprodujo por medio de banderas y escudos en los pilares y muros. El personal de servicio, con los uniformes reglamentarios, secundó a las autoridades del club en la atención del público, que comenzó a llegar desde minutos antes de las 18 horas.
      Entre los primeros en llegar se anotó la presencia del senador nacional Don Alberto Barceló, que cambió expresivos saludos con los dirigentes del Automóvil Club Argentino. Además concurrieron al acto el señor Intendente Municipal Don Joaquín Lacambra, diputado nacional señor Nicanor Salas Chaes, presidente del Concejo Deliberante señor Feliciano M. Culler, presidente del Consejo Escolar señor Roberto José del Río, subdirector de la Asistencia Pública doctor Luis María Irureta, secretario de la Municipalidad señor Luciano Baca, valuador del partido señor Pedro J. Molinari, Director de Tránsito de la Ciudad de Buenos Aires doctor Horacio Pozzo, Presidente del ACA señor Carlos P. Anesi, Vicepresidente 2° del ACA doctor Horacio Morixe, funcionarios de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, entre otros.

Discurso del Vicepresidente 2° del ACA doctor Horacio Morixe. A la derecha el Senador Alberto Barceló.

      Ubicadas las autoridades e invitados especiales en el palco oficial, frente al cual se hallaba el resto de la concurrencia, se inició la ceremonia con la bendición religiosa del edificio, que estuvo a cargo del cura encargado de la Parroquia de la Asunción R.P. Juan F. Tumini. Terminado este solemne aspecto del acto, se difundió por altavoces el marcial acorde del Himno Nacional Argentina, que aplaudieron extensamente al final.
      Acto seguido ocupó la tribuna el vicepresidente del Automóvil Club Argentino, doctor Horacio Morixe. Acallados los aplausos con que se recibieron esas palabras, habló el Intendente Municipal, Don Joaquín Lacambra, quien también fue extensamente aplaudido por la concurrencia. 

Palabras del Intendente de Avellaneda, Joaquín Lacambra.

      El presidente del Club, señor Carlos P. Anesi, invitó entonces a la concurrencia a visitar el edificio, recorriendo el público las distintas dependencias, mientras el personal de la estación explicaba diversos detalles sobre el funcionamiento de máquinas y destino de los locales.
      Finalmente, en un salón de la planta alta, se sirvió un lunch, lo que dio margen a una interesantísima tertulia que se prolongó hasta las primeras horas de la noche.

Momento del corte de cinta a cargo del Intendente Lacambra

Inauguración del surtidor

      Como corolario de la ceremonia, cabe significar que se puso en práctica una feliz iniciativa del presidente del Club señor Anessi, quien hizo surtir de nafta YPF a los automóviles del senador nacional Don Alberto Barceló, Intendente Municipal Don Joaquín Lacambra y del diputado nacional Don Nicanor Salas Chaves, inaugurando así las funciones del surtidor.

Momento en el que el Senador Alberto Barceló habilita el primer surtidor.


Notas:

(1) Ingeniero MINERVINO, “Testimonio de una avanzada de modernidad”
(2) PIGLIA, Melina "El ACA e YPF: la construcción de la primera red de estaciones de servicio (1936-1943)". UNMdP - Conicet
(3) revista Nuestra Arquitectura
(4) Ídem

Marcelo Pablo Scévola (investigación)

Fuentes: revista "Nuestra Arquitectura"
              diario "La Opinión"
              revista "Automovilismo"
              publicación “Testimonio de una avanzada de modernidad”
              publicación "El ACA e YPF: la construcción de la primera red de estaciones de servicio (1936-1943)"

domingo, 19 de agosto de 2018

Juan Giambruno: intervención, rehabilitación, y solicitud para su estación de servicio YPF (Florencio Varela)


      En la entrada del día 6 de julio ( http://archivosdelsudeste.blogspot.com/2018/07/juan-giambruno-y-su-actividad-comercial.html ) publiqué la transcripción de una nota aparecida en la edición especial del año 1943 del diario varelense Nueva Era en la que se detallan las actividades comerciales llevadas adelante por Juan Giambruno desde sus inicios como almacenero en la zona rural de Florencio Varela y en José María Gutiérrez hasta la inauguración de su estación de servicio el día 3 de enero de 1942 en la esquina de la calle Mitre y boulevard San Martín de la primera localidad mencionada.


      El 15 de abril de 1943, la estación de servicio sufrió una intervención por parte de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Los motivos estaban relacionados con el racionamiento de combustible producto del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Argentina aún no había logrado el autoabastecimiento, por lo tanto era necesario cuidar las reservas existentes. La carga de combustible en cada vehículo estaba limitada.

Artículo sobre el racionamiento de nafta aparecido en el diario varelense "Nueva Era" del 24 de septiembre de 1943.

     Al día siguiente, Giambruno publicó una carta en el diario Nueva Era, dirigida al presidente de YPF, dando su versión de los hechos ocurridos: 
     “En mi carácter de propietario de la única estación de servicio YPF instalada en este pueblo y reconocida oficialmente, me permito dirigirme al señor Presidente a fin de informarle de que en el día de ayer he sido sorprendido con el procedimiento arbitrario y abusivo del inspector general de esa repartición Sr. Irigoyen, quien atribuyéndome una infracción a disposiciones vigentes que ignoro, relacionadas con el racionamiento de la nafta, y con el auxilio de la fuerza pública pretendió hacerme llevar detenido hasta la comisaría local, como un vulgar delincuente, si no hubiera sido por la oportuna intervención de un caracterizado vecino que en esos instantes pasaba por mi estación de servicio, lo que obligó al intempestivo funcionario a cambiar el rumbo de su procedimiento, llevando detenido solamente a los infractores de tales disposiciones que invocaba a cada instante.
      En realidad los hechos se produjeron de la siguiente manera: Siendo la hora 9 y 30 de la mañana, se presentó en la estación de servicio manejando una voiturette de propiedad de don Juan P. Lambardi, el sujeto Sigifredo Aníbal Vaccaro, quien cargó 5 litros de nafta en el surtidor respectivo, retirándose y arrimando su coche al surtidor de kerosene pidiéndole al empleado de la estación don Luis Zampini, que le despachara 5 litros de kerosene del respectivo surtidor y se los cargara en el tanque de su coche. Este subalterno accedió a lo solicitado por cuenta propia y sin consultar al encargado de la estación mi hijo Juan A. Giambruno, ni al exponente, que en esos momentos s e encontraban distanciados atendiendo otros menesteres dentro de la estación, y que no se percataron de la maniobra que efectuaba el visitante y su empleado, siendo sorprendidos ambos por la visita del Inspector General Sr. Irigoyen que merodeaba por los alrededores, a la espera de los hechos que habrían de justificar su inmediata intervención, haciéndolo en la forma violenta que he relacionado precedentemente.
      De las declaraciones formuladas ante la policía local, por el empleado de la estación señor Luis Zampini, se desprende que el mismo procedió por cuenta propia en el hecho motivo de la intervención del Inspector Irigoyen, y que por los tanto ello no puede afectar bajo ningún concepto al propietario que subscribe desde que procedió a la exoneración inmediata del mismo, sin atender a sus explicaciones, considerando justificada esta sanción ante la infracción cometida, sin mi anuencia ni la de mi hijo.
      Pasando a otras consideraciones, señor Presidente, es necesario y me permito solicitárselo, que se efectúe una inmediata y amplia investigación de tales hechos, para deslindar responsabilidades; deseo que en primer término se me aclare quién ha sido el denunciante que invocaba el señor Irigoyen a cada instante durante el procedimiento, porque considero que la repartición no ha de atender denuncias anónimas, y que en alguna oficina ha de constar el nombre del denunciante, máxime cuando esa denuncia completamente falsa desde todos los puntos de vista que se le analice, ha originado en procedimiento que afecta a un leal colaborador y propulsor de la patriótica obra que realiza YPF, al invertir en la construcción y habilitación de esta estación, y en una modesta población, un capital que asciende a más de $50.000 m/n, y que ese solo hecho y la solvencia moral de que goza el exponente en este Pueblo como factor de progreso, son suficientes para disipar cualquier sospecha que pudiera originar denuncias infundadas e interesadas como la que ha provocado esta lamentable situación, cuyo procedimiento considero ha de merecer el repudio y las sanciones disciplinarias  que corresponden, dejando a salvo los altos prestigios de que goza la repartición en el concepto público, evitándose así la repetición de procedimientos que como este desprestigian y relajan la seriedad y armonía que siempre ha imperado en las relaciones de YPF con sus colaboradores en la patriótica obra que cumple en beneficio del país.
      En la esperanza de que el señor Presidente ha de compartir los conceptos  que me permito expresarle, ordenando la investigación que solicito, le saluda con la mayor consideración. Juan Giambruno.
     
       El día 19 de junio de 1943, la estación de servicio fue rehabilitada y, unos días después, Juan Giambruno publicó una solicitada en el diario Nueva Era:


     Dos meses después de la rehabilitación, Giambruno como propietario y Pedro Bernaschina como agente local de YPF, solicitaron al Municipio la autorización para agregar un surtidor, en este caso para el expendio de kerosene. El expediente que se formó al respecto fue el n° B-246 bajo el asunto “Instalación surtidor de kerosene para Yacimientos Petrolíferos Fiscales”.
      A continuación podemos ver la solicitud con fecha 11 de agosto de 1943 agregada al expediente:


Además del texto de la solicitud, podemos observar en este documento las firmas de Pedro Bernaschina y Juan Giambruno, el sello del primero como agente local de YPF y, más abajo, el sello de la Secretaría de la Municipalidad y la firma y sello del Secretario Municipal de entonces, el señor Antonio Guarasci, quien da por recibida la solicitud el día 21 de agosto e inicia el trámite con el paso de la misma a la Oficina Técnica.

      La Oficina Técnica recurrió a la ordenanza referida a la instalación de surtidores sancionada el 27 de junio de 1927 por el Concejo Deliberante de Florencio Varela, e hizo hincapié en dos artículos, el 2° y el 3°:
Art. 2°: Solo se permitirá la colocación de tanques y surtidores anexos en las aceras de las calles públicas, etc. a las personas que con acuerdo de los propietarios frentistas presenten la Intendencia Municipal una solicitud suscrita también por el constructor de la obra, con la indicación precisa del lugar y especificación de los detalles de la misma y acompañadas del plano respectivo. La distancia entre un surtidor y otro en el égido del pueblo no podrá ser menor de doscientos metros.
Art. 3°: En cada caso la Oficina Técnica tomará la intervención correspondiente, debiendo informar por escrito, de acuerdo con el artículo anterior, con respecto a la construcción proyectada, haciendo las observaciones pertinentes que se tendrán en cuenta para acordar o negar la obtención del permiso solicitado.

      Aprobada por la Oficina Técnica, la solicitud volvió a Secretaría el 31 de agosto para ser enviada a la Oficina de Recaudación, donde se registró la firma del propietario y se cobraron los derechos correspondientes a la verificación de plano. 


     El 8 de septiembre interviene nuevamente la Oficina Técnica para la aprobación del plano, cosa que efectúa sin hacer observaciones por ajustarse a la ordenanza vigente. Ese mismo día sale la resolución mediante la cual el Comisionado Municipal resuelve:
Art. 1°: Autorizo la instalación de un surtidor de kerosene en la estación de servicio, propiedad de Don Juan Giambruno, sita en la avenida San Martín esquina Bartolomé Mitre.
Art. 2°: Dicho permiso se otorga a nombre de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.
Art. 3°: Por Secretaría se extenderá dicha constancia en la copia del plano agregado a fs.1.
La resolución lleva las firmas del Secretario Municipal, Antonio Guarasci, y del Comisionado Municipal, Capitan de Fragata Juan Pedro Delucchi.


Marcelo Pablo Scévola (investigación)

Fuente:   diario "Nueva Era"
            expediente B-246 (Archivo Histórico de la Municipalidad de F. Varela)