jueves, 20 de junio de 2019

La estancia “Las Hormigas” (Plátanos)


Casco de la estancia "Las Hormigas" en Plátanos

      Hoy resulta difícil imaginar que en nuestra densamente urbanizada región sudeste hayan existido estancias, pero sí las hubo; y fueron establecimientos de punta en la crianza de ganado, basta solo citar a “San Juan” de Leonardo Pereyra para dar fe de ello.
      En la segunda mitad del siglo XIX, la zona que hoy abarca la localidad de Plátanos era completamente rural al igual que todo el actual partido de Berazategui. En 1872 pasará por allí el Ferrocarril Buenos Aires & Ensenada dándole al lugar una estación que llevaría el nombre de los propietarios de la tierra que la rodeaban: “Godoy”. Los Godoy tenían de amigo a quién será pieza fundamental en esta historia: Don Alfonso Ayerza.
      Alfonso Ayerza, según nos cuenta Mary Lockwood en su libro “El legado Ayerza”, era un hombre dinámico, muy activo, enérgico, con gran sentido estético, y visionario. Se casa con María Helena Jacobé Iraola y, recién casado, en 1886, adquiere 140 hectáreas a los Godoy frente a la estación ferroviaria del lado oeste, estación que con los años cambiará su nombre por Plátanos.

Matrimonio Alfonso Ayerza - Helena Jacobé Iraola

      Adquiridos los terrenos comienza a construir el casco de la estancia que llama “Las Hormigas” por la gran cantidad de estos insectos que allí había. Su propósito era doble, por un lado ser un establecimiento para la cría de ganado y, por otro, que la familia contara con un sitio para pasar el verano.
      La casona de tres pisos de estilo francés, fue diseñada por el arquitecto Joaquín Belgrano. Los caminos y parques fueron diseñados por el propio Alfonso, probablemente inspirado en la cercana estancia “San Juan”, a la que solía concurrir, pues Leonardo Pereyra era amigo de la familia. Uno de los primeros trabajos fue transformar las excavaciones que dejara el ferrocarril en lagunas artificiales, cuyos niveles mantenía controlados mediante bombas.

Jardines de "Las Hormigas"

La pileta de la estancia

      Mary Lockwood nos sigue contando en su libro: “El borde de las lagunas lo decoró con Coronas de Novia, que vestían a fines de invierno la orilla con su floración blanca. Trajo patos exóticos y cisnes de cuello negro para que habitaran las lagunas, y también plantas acuáticas. Trazó caminos, plantó árboles y arbustos, diseñó avenidas de eucaliptus, agrupó pinos, araucarias, cedros, cipreses, etc. Los caminos estaban diseñados de manera que su esposa y las chicas tuvieran paseos para realizar, y en lugares estratégicos ubicaba arbustos de flor y estatuas. Para que estos caminos no se embarraran, estaban tapizados de conchilla que extraían de la costa del Río de la Plata en Quilmes.
      Definió canteros y plantó césped. Un cantero en especial era el de los claveles, que debían estar siempre impecables. Hizo construir pérgolas y las cubrió de rosales. Los rosales que se importaban, llegaban prolijamente embalados y cada uno con su etiqueta. En aquellos años prácticamente no había producción nacional de ornamentales. Los rosales arbustivos tenían canteros especiales en una sección del jardín que era el rosedal.
       Frente a la casa, diseñó e hizo instalar Don Alfonso una fuente en la que podía verse una niña jugando con una cabra, y a cada lado dos ciervos. Por el parque se paseaban pavos reales, algunos de ellos de color blanco, y detrás de la casa se implantó el monte frutal”.

Detalle de la fuente ubicada frente a la casa

La vida de los Ayerza en “Las Hormigas”

      Don Alfonso y Doña Helena pasaban todo el verano en la casona de Plátanos, a la que también llegaban sus ocho Hijos y luego sus nietos y amigos. La familia vivía en la calle Alsina, en Buenos Aires, y se trasladaba completa en tren, con mucamas, cocinero y todo el equipaje necesario. Llegaban antes de navidad y permanecían allí hasta después de Semana Santa.

Alfonso, Helena y tres hijas del matrimonio frente al hogar de la casona. Sentada en el piso Blanca Ayerza, quien heredaría la estancia al fallecer sus padres.

      “El hielo para las heladeras se traía dos o tres veces por semana desde la estación. En la estancia se producían jamones, chorizos, salchichas y todo tipo de fiambres; y del tambo se obtenía la leche y la crema para el consumo y la fabricación de manteca (…)”.

Abuelos, hijos y nietos. El matrimonio Ayerza; Blanca Ayerza (de pie) y su esposo, el arquitecto Alejandro Bustillo, y dos de sus hijos. 

      “Los Ayerza fueron siempre una familia muy devota. Cada día después del desayuno iban a misa. Cuando en verano las hijas estaban en “Las Hormigas” se ocupaban de enseñar el catecismo a todos los chicos de los empleados y de los vecinos.
      Cada día entre las diez y once horas atendían a los enfermos en curaciones sencillas, como si tuvieran una salita de primeros auxilios.
      La mañana de navidad, Helena y Alfonso y todos sus hijos asistían a misa junto con todo el personal de la estancia, y a su regreso a la casa, la familia Ayerza Jacobé los atendía, sirviéndoles un delicioso desayuno con chocolate y masas bajo los árboles”.

Alfonso y Helena en su carruaje de paseo.

Qué producía la estancia

      Hacia 1909-1910, Alfonso Ayerza funda el haras “Las Hormigas”, que se dedicaría principalmente a la cría de caballos árabes. Tenía, además, una estancia complementaria en el partido de Benito Juárez llamada “El Cisne” en la que estaban las yeguas madres del haras y los padrillos. Don Alfonso se encargaba personalmente de viajar a Juárez para el destete de los potrillos, la selección de las mejores yeguas a ser servidas, y decidir qué caballos se expondrían en Palermo. Atravesaba a pié los potreros revisando las pasturas y, anotador en mano, asentaba las distintas órdenes.

Alfonso y su pasión por los caballos

      Una vez hecha la selección para concursar en Palermo, se enviaban los animales por tren a la estación Hudson; allí se los bajaba y eran arriados hasta “Las Hormigas” por Gregorio Serventi, mayordomo de la estancia, nacido en ella y que Alfonso Ayerza había visto tan bien dispuesto que le había hecho aprender todos los oficios para que heredara ese puesto que anteriormente había obtenido su padre. Para el traslado a Palermo se utilizaban vagones especiales llamados horse-box.

Vagón para transporte de caballos finos (horse-box) del Ferrocarril Sud, utilizado por el haras Las Hormigas para el transporte de sus animales de exposición.

      Algunos nacimientos se producían en “Las Hormigas”, pero no eran los caballos los únicos animales de la estancia. También se criaban vacunos, Hereford y Jersey, y gallinas Dorking.

Zedák, campeón macho de 1921, uno de los tantos árabes premiados en Palermo.

El fin de los días de gloria

      Alfonso Ayerza murió en 1942. Su esposa Helena había fallecido en 1935. Las vidas de ambos discurrieron durante las décadas de la Argentina floreciente, décadas de una gloria que comenzaba a esfumarse lentamente. Casi en paralelo con el país, la gloria de “Las Hormigas” también iniciaba el camino del declive.

Helena y Alfonso en sus últimos años de vida.

      Al morir Don Alfonso, heredó la estancia su hija Blanca. Su marido, el gran arquitecto Alejandro Bustillo, realiza una serie de reformas en la casona con la intensión de desarrollar sus actividades allí. Sin embargo, tiempo después, la familia Bustillo decide iniciar un proceso de venta de la propiedad. El casco y las construcciones principales son adquiridas por los sacerdotes jesuitas del Colegio del Salvador, quienes tenían la idea de instalar allí el campo de deportes para los alumnos. Pero la distancia de Buenos Aires y los malos caminos hacen que desistan del proyecto, y dos años después la ponen en venta.
      En 1949, “Las Hormigas” es comprada por la firma italiana productora de hilados S.N.I.A. Viscosa, que en Argentina giró bajo el nombre Sniafa (Sociedad Nuevas Industrias Argentinas de Fibras Artificiales). Ese mismo año se inicia la construcción de la planta, hecho que reduce considerablemente el espacio verde. 65.000 metros cuadrados de terreno son ocupados por naves industriales, galpones, talleres, oficinas y, más adelante, casas para el personal e instalaciones deportivas y para colonia de vacaciones.

Vista aérea de la textil Sniafa

      Los ácidos que emanaban las chimeneas de Sniafa picaban los techos de zinc, y el arroyo Conchitas, que en los años de Don Alfonso bordeaba con aguas claras la estancia, se contaminó de manera irreversible. A principios de la década del ‘80 la empresa cierra sus puertas víctima de malos manejos financieros y los desastres que desde el inicio de su decadencia el país había hecho con su economía y con su historia.
      El sector donde vivía la familia Bustillo en parte es loteado (así nace el barrio Las Hormigas) mientras que el conjunto de viviendas de la familia, que incluyen una capilla, pileta, y construcciones para animales, se vende en conjunto a una congregación de monjas húngaras que habían escapado de su país natal perseguidas por el comunismo, quienes inauguran allí el colegio María Ward. El área más cercana a la estación de Plátanos, en la que se encontraban las lagunas artificiales, como lo cuenta Ana María de Mena en su libro “Don Gregorio”, “fue comprada por la familia Zaslavski, que formó la firma Naleisa, apelativo derivado de las primera sílabas de los nombres de los tres integrantes: Naúm, León e Isaac. Esta sociedad decidió desagotar las lagunas, para lo que se hizo construir un canal, que todavía existe, que orientó las aguas hacia el arroyo Conchitas. Las excavaciones no eran tan profundas, por eso el propósito de vaciarlas se logró rápidamente. 
  
Las concurridas piletas de Plátanos.

    Naleisa encargó al ingeniero agrónomo Martín de Vries el diseño de la parquización y la plantación de nuevas especies que enriqueció lo existente hasta entonces. También se construyeron las piletas, parrillas y comodidades para crear un complejo recreativo como no existía otro en la zona (…) Durante un período fueron muy concurridas y apreciadas por los usuarios. Años más tarde, en 1973, el complejo fue adquirido por el Sindicato de Personal de la Industria de la Alimentación”.

Detalle del hogar de la casona que aún resistía al vandalismo.

      Con el cierre de Sniafa, “Las Hormigas” quedó a merced del abandono y el saqueo. Hace algunos años una luz de esperanza brilló sobre ella cuando la Municipalidad de Berazategui tuvo la seria intensión de instalar allí el Museo del Vidrio. Pero el brillo duró poco, el vandalismo pudo más que la intención municipal de preservar un verdadero hito de la historia local. Víctima del fuego de manos despreciables, aquella hermosa casona que Don Alfonso Ayerza cuidara con tanta prolijidad y con el espíritu típico de los hombres de entonces, quedó convertida en ruinas.

El casco de "Las Hormigas" luego de los robos y el incendio.

   Actualmente en los terrenos de la ex Sniafa funciona el Parque Industrial Plátanos, inaugurado en 2004, y el centro municipal Los Privilegiados. Finalizo con la siguiente imagen: Los chicos hacen deporte, ajenos a los despojos de un tiempo de esplendor que ya no existe.



Marcelo Pablo Scévola (investigación)

Fuente: "El legado Ayerza" de Mary Lockwood

             "Don Gregorio" de Ana María de Mena

viernes, 19 de abril de 2019

Una ligera crónica de Avellaneda en 1913


      En la segunda década del siglo XX, el país mostraba orgulloso su avance. En cada ciudad, en cada pueblo, el progreso era notable, y los medios gráficos de entonces gustaban mostrarlo con un sentido de argentinidad que hoy resulta envidiable.
      Avellaneda no escapaba a ese progreso, y varios diarios y revistas se ocuparon de reflejarlo en sus páginas, tal es el caso de Fray Mocho. El sentido de argentinidad se evidencia en los primeros párrafos que la icónica publicación le dedicó a esta gran ciudad de nuestra región sudeste…

      “La ciudad de Avellaneda, cuyos dominios empiezan en el cruce mismo del célebre Puente del Riachuelo, está llamada a representar con el transcurso del tiempo, un papel de gran importancia entre los emporios comerciales de la Nación Argentina. La acción eficiente de las autoridades comunales ha contribuido en los últimos años al rápido progreso local, como al desenvolvimiento del comercio e industrias, cuyo desarrollo nos ha causado verdadera admiración en los actuales momentos”.

Intendencia municipal

Hall de la Municipalidad

Despacho del Intendente

      Era entonces intendente Don Alberto Barceló y secretario municipal Don Nicanor Salas Chaves. La oficina de Censo y Estadística Municipal que había creado la gestión de Barceló registraba una población de 110.000 habitantes en los 112 kilómetros cuadrados que en ese entonces tenía el partido. “Tenían asiento permanente aquí varios frigoríficos, fábricas de fósforos, mercados lanares, lavaderos de lanas, fabricación de enlozados, molinos, mercado de maderas, 25 astilleros, dos fábricas de cemento armado, fábrica de ladrillo cilicatados, compañías de productos químicos, electricidad e infinidad de otros comercios e industrias variadas”.

Casa particular del Intendente

      La industria y el comercio no eran lo único importante para la administración municipal. “La mayor preocupación del señor Barceló y demás autoridades, ha sido siempre la de transformar los antiguos pantanos en verdaderas calles y avenidas, siendo de citarse casos como el antiguo arroyo Lemos, transformado hoy en espléndida avenida: la continuación de la avenida General Mitre, que era un arenal inmenso, así como la calle General Belgrano, todas las que han sido adoquinadas y ornamentadas con arboledas, corriendo por sus centros diferentes líneas de tranvías eléctricos. La planta urbana ha sido totalmente adoquinada, aún en las pocas calles que existían empedrados los cuales fueron levantados. Han sido pavimentadas 230 cuadras de adoquinado de granito con base de hormigón en Portland, cuyas obras representan un valor de más de tres millones de pesos moneda nacional, de los cuales la tercera parte paga la municipalidad.

Plaza Alsina vista hacia el este. Arriba a la izquierda domina la imagen el edificio de la Comisaría.

      Una de las obras más importantes que se halla actualmente en construcción es el camino adoquinado a la Isla Maciel, con una extensión de más de veinte cuadras, el que unirá a una población de 12.000 almas con el resto de la población, de la cual se halla esa completamente incomunicada. Se efectúan además la construcción de varios conductos de mampostería y cemento armado para desagües, en cuyas obras se han invertido más de cien mil pesos moneda nacional; construcción de dos corralones municipales, con toda clase de comodidades.
      Se trabaja también con actividad en la ampliación del servicio de alumbrado público y limpieza de todos los centros poblados del municipio; construcción de 400 nichos en el Cementerio Municipal y compra de diez manzanas de tierra para la ampliación del mismo. Estas obras se realizan con los recursos de la comuna, sin ayuda de ninguna clase del gobierno ni empréstito alguno.
      Se está tramitando la celebración de un contrato con la Cía. Alemana Transatlántica de Electricidad (C.A.T.E.) para la mejora de los servicios de alumbrado con la instalación de 400 lámparas de arco distribuidas en los centros más importantes. Hace cuatro años el alumbrado se hacía con 100 lámparas de arco y actualmente se hace con 525.
      La renta anual de la municipalidad ascendió en el año 1912 a 1.030.000 pesos moneda nacional y el presupuesto anual de gastos es de 1.140.000 pesos para el año actual (1913).
      El Hospital Municipal donado por los señores Fiorito se encuentra situado en la calle Belgrano entre 9 de Julio e Italia y se va a inaugurar dentro de poco tiempo”.

Hospital Fiorito

      Los hermanos Fiorito (Juan, Pedro, Antonio, Carlos y Alfredo) tenían su casa de remates en Barracas, en la calle Vieytes 1900, pero su acción de trabajo tuvo un gran desarrolló en Avellaneda, donde realizaban las ventas de terrenos con variada clase de facilidades.

      “El Banco de Galicia tiene su sucursal en la esquina de Mitre y Chacabuco, proyectándose la construcción de un edificio en la misma esquina, en la acera de enfrente, la que ha sido adquirida por la institución. El gerente de esta sucursal es Don Reynaldo L. Badano, habiendo sido inaugurada en el mes de octubre de 1908. El Banco de Galicia representa en la localidad uno de los factores más importantes para el crecimiento de las industrias y el emporio comercial”.

Banco de Galicia

      “Otra institución poderosa es La Edificadora de Avellaneda, establecida en avenida Mitre 25. Su presidente es Don Antonio Fiorito, pero en su ausencia desempeña el cargo el doctor Manuel Beguiristain, prestigioso facultativo y vecino de la localidad. Fundada en 1911 con un capital de 1.000.000 de pesos moneda nacional, realizó grandes operaciones sobre préstamos con facilidades para edificación”.

La edificadora de Avellaneda

      “En el amplio y confortable local de la avenida Mitre números 140 al 146, se halla instalada la sucursal de la Cooperativa Nacional de Consumos, que fue abierta el día 15 de junio de 1907, habiendo realizado desde entonces al presente los progresos más notables que la elevan al primer rango entre los establecimientos locales del género.

Cooperativa Nacional de Consumos sucursal Avellaneda

      Esta institución, fundada por el actual director general Don José R. Jaca, ha conseguido imponerse como una dependencia utilísima para todas las clases sociales, debido en gran parte a su organización, a la calidad de sus productos o mercaderías en general y a las facilidades prácticas que ofrece tanto para el accionista, socio, como para el público. El señor Jaca, conocedor del ramo, con una larga práctica en este género de negocios, no ha decaído un solo instante, llevando a feliz realización sus iniciativas, entre las que ha figurado en uno de los primeros términos la apertura de gran número de sucursales como la de Avellaneda.

Vista interior del establecimiento

      En el cargo de gerente de esta sucursal, desde el día de su inauguración, Don Manuel Rodríguez, hombre modesto y de relevantes condiciones de actividad que ha sabido granjearse entre el público de Avellaneda significativa atracción.
      Los ramos que atiende la Cooperativa Nacional de Consumos sucursal Avellaneda son: almacén, menage, tienda, bonetería, bazar, zapatería, entre otros, y extiende sus servicios en todo el radio de la zona sud, con un reparto especial que se extiende hasta Temperley  y pueblos adyacentes”.

Banco de la Provincia de Buenos Aires

      “El Banco de la Provincia, que es el coloso de la banca local, tiene su sucursal en edificio de su propiedad, situado en la avenida Mitre 118. La casa, tan amplia como elegante, es en el orden económico financiero uno de los factores más importantes del comercio de Avellaneda. Todo el comercio, tanto el principal, como el minorista acude allí, donde encuentra en el gerente, señor Franco Fattorini, no sólo un experto agente comercial sino un afectuoso caballero. Esta sucursal se inauguró en 1908, y por el contrario de otras agencias bancarias, ha conseguido hoy imponerse por la facilidad de sus operaciones y la competente dirección del señor Fattorini.
      Bien merece pues, ocupar un sitio en esta ligera crónica que hemos hecho de la progresista ciudad de la provincia, la casa que representa tan brillantemente a la poderosa institución bancaria que hace honor al primer estado argentino”.


Jardín de invierno del edificio municipal

Salón del edificio municipal



Marcelo Pablo Scévola (transcripción)

Fuente: revista Fray Mocho


lunes, 21 de enero de 2019

El Instituto Biológico Argentino (Florencio Varela)


      Es considerado el primer gran establecimiento industrial del partido de Florencio Varela y un símbolo de aquel país pujante en el que todo era posible con trabajo y dedicación. Esta es una síntesis de la interesante y extensa historia del Instituto Biológico Argentino.

La refinada arquitectura de los edificios del Instituto puede observarse en el principal del laboratorio en Florencio Varela.

     El Instituto Biológico Argentino nació con el objetivo de ser el principal productor de sueros y vacunas del país. Constituido como sociedad anónima por decreto nacional del 7 de enero de 1909, su Director Técnico fue el prestigioso doctor Silvio Dessy, quien estaría estrechamente ligado a Florencio Varela al instalar allí dos años después los laboratorios de la institución. Entre los integrantes del directorio se encontraban otras dos personalidades igualmente relacionadas con el Partido: Atilio Massone, quien sería director de la Sala de Primeros Auxilios que luego llevaría su nombre; y Arturo Vatteone, Intendente Municipal entre 1914 y 1916.

El doctor Silvio Dessy, creador del Instituto Biológico Argentino, llegó de Europa para desarrollar en nuestro país su trabajo y sus sueños.

      Nacido en Italia en 1869, Dessy se graduó de médico en su país natal. En 1898 fue contratado por la Dirección de Sanidad de la Provincia de Buenos Aires para ocupar el cargo de vicedirector del Instituto de Higiene Experimental, cuya sede se encontraba en la ciudad de La Plata. Pronto se haría cargo de la Dirección de Salubridad de la Provincia y fundaría un laboratorio central en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, entre otras actividades realizadas antes de constituir el Instituto.
      Con el aporte de algunos industriales y comerciantes que arriesgaron su capital en apoyo de esta empresa que parecía utópica, el 15 de julio de 1908 se constituyó la sociedad “Instituto Biológico Argentino”. El primer directorio estuvo constituido por los señores Marotta, Sisto, Vatteone, Enríquez, Gentili, Dufour, Franco y Cirelli. El doctor Dessy ocupó el cargo de director técnico, el que mantuvo por decisión propia durante toda su larga estadía en el Instituto.
      Comenzó, entonces, la búsqueda de un terreno de sesenta mil metros cuadrados de superficie que debía estar lejos de centros poblados y a medio camino entre La Plata y Buenos Aires. Fue así que se eligió un predio en Florencio Varela que pertenecía al doctor Vatteone, a unas diez cuadras de la estación ferroviaria en el actual barrio Santa Rosa.

En esta ilustración puede apreciarse la importancia del establecimiento instalado en Florencio Varela, en ese momento un pequeño pueblo.

      Ballerini y Cía. fue la firma encargada de construir los hermosos edificios del Instituto. Las primeras construcciones fueros tres cuerpos para laboratorios y una caballeriza. El propio doctor Dessy se encargó de trazar los planos con la colaboración de los constructores.

Edificio principal del Instituto

      “En el frente de la edificación principal, el visitante se encontraba con un centro tapizado de césped y flores, con cuatro escalinatas que daban acceso a una fuente de mármol de carrara coronada por un gracioso querubín.
      El pabellón central, donde estaban ubicados los laboratorios, ocupaba una superficie de 422 m2 y lo componían un piso inferior, en parte construido debajo del nivel del suelo, y otro superior, alcanzando todo una altura de nueve metros. El número total de ambientes era de veintiséis: once en el piso inferior y quince en el superior. Existía una completa instalación de agua y cloacas. El agua se procuraba por medio de un pozo que alcanzaba los 40 metros de profundidad y se extraía por medio de un motor a nafta de dos caballos de fuerza, con el sistema a inyección de aire en el caño del pozo. La iluminación y calefacción se lograba por medio de acetileno. Los cultivos de microbios a gran escala para la preparación de vacunas terapéuticas se hacía en un cuarto estufa, que se mantenía de modo constante a la temperatura de 37°. En otra estufa, también muy amplia, se preparaban a 45° los productos orgánicos que necesitaban someterse a procesos digestivos artificiales.

1) Chalet del Director. 2) Pabellón para cabras sueríferas. 3) Grupo de edificios para maquinarias. 4) Pabellón para preparación del Antibacter.

      La caballeriza fue construida en cemento armado y block system, y un grueso tabique longitudinal la dividía en dos secciones: una para los caballos que se empleaban para la preparación de los sueros terapéuticos y otra, enteramente independiente de la primera para, para ovejas y cabras. Tenía su sistema completo de cloacas, un solidísimo piso de baldosas especiales de Marsella y respondía en todas sus partes a los más estrictos postulados de higiene.

1) Usina eléctrica y cámara frigorífica. 2) Caballeriza y ducha para equinos. 3) Pabellón para sangrías y operaciones de animales. 4) Otra vista del grupo de edificios para maquinarias.

      Parte del terreno contenía una viña de 3.000 parras de tres años de edad que sería aprovechada para preparar en gran escala jugo de uva no fermentado y esterilizado. Además se plantaron, tratando de aclimatarlas, algunas plantas medicinales, indígenas y exóticas, como primer ensayo de cultivos a utilizar en años subsiguientes. Así comenzaron a llegar semillas de Francia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, India y África. Algunas germinaron, otras sucumbieron al clima y o al maltrato. El piretro de Dalmacia fue cultivado a escala industrial para la preparación de insecticidas. Así surgió el Fu-Fu (un descubrimiento del doctor Dessy, como todos los de esta primera etapa del Instituto). La soja fue cultivada en amplias extensiones, pese a que en esos momentos se ignoraba su alto contenido de proteínas. Con las semillas se preparó una harina para diabéticos llamada Diapam. En esos terrenos también fue sembrado el tabaco, y se trajo boldo de Chile para la preparación de Elixir de Boldo

Elixir de Boldo "BIOL"

    De Magadascar se importaron bulbos de escila para experimentar su toxicidad sobre los roedores. De Italia llegaron las retamas, esas hermosas plantas de flores amarillas, que visten los Apeninos, con la intensión de obtener la fibra textil y celulosa de sus penachos. Es imposible seguir enumerando la cantidad de especies botánicas, que iban desde el maíz y las legumbres hasta las múltiples hierbas del campo argentino. Este sector era controlado por un eminente sabio, el profesor Carlos Spegazzini, a quien la flora sudamericana y especialmente la argentina le deben importantísimos descubrimientos.
      Pero saltemos a 1912, cuando ya las actividades de la empresa se desarrollaban en forma satisfactoria. Con la difusión de diarios y revistas, la entrega de muestras gratis y constante correspondencia con médicos y farmacéuticos, comenzaron las publicaciones científicas que celebraban los resultados terapéuticos de los productos. Los principales hospitales de Buenos Aires y de las provincias, así como la asistencia pública de Buenos Aires y La Plata, empleaban los productos del Instituto en gran escala. Entre los primeros preparados estaba el Suero de la vena renal de la cabra, el Suero Antitiróideo, la Gasterina, la Tiroidina, y los sueros Antidiftérico y Anticarbuncloso. La Asistencia Pública de Buenos Aires inoculó con Tuberculina a todas las vacas lecheras de los tambos (…) Se descubrieron las propiedades que los compuestos de hipoclorito de sodio y de magnesio tenían sobre las heridas. Así surgió el Antibacter, como poderoso antiséptico y desinfectante. 

Uno de los principales productos del Instituto fue el anticéptico y desinfectante "Antibacter".

    Se aumentó el personal técnico. Se invirtió en mejoras y adquisición de nuevos aparatos para los laboratorios de Florencio Varela. En el transcurso de un año salieron al mercado la Vacuna Antitífica Dessy y la Nucleoproteina Antigonocócica. La marcha de la Sociedad era próspera. Para esa época, la administración funcionaba en un importante edificio alquilado ubicado en Avenida de Mayo 1288”.


Avisos de dos productos del Instituto aparecidos en la revista La Medicina Argentina.

      El inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 puso al Instituto Biológico Argentino en una posición privilegiada en la producción de sueros y vacunas que ya no se podían traer desde Europa. Aún con los problemas que causó el conflicto bélico para conseguir materiales de todo tipo, se continuó ampliando tanto la parte edilicia y de maquinarias como el cultivo de especies medicinales.

      En 1916, el doctor Dessy viajó al lago Epecuén, en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires. Con el conocimiento previo que tenía de esas aguas saladas, entró una tarde a un bar y le preguntó a un parroquiano su opinión al respecto. El hombre “expresó con total desprecio que esa sal que formaba un cordón de varias leguas alrededor del lago no servía ni para el puchero, por lo salada que era y el dejo de amargor que tenía”. Aquel criollo no sabía de las cualidades curativas de las aguas. Y fueron aquellas propiedades las que llevaron a la firma del contrato entre las Sociedad Minas de Epecuén y el Instituto Biológico Agentino mediante el cual se le confiaba a este último “la preparación de los derivados de interés médico, ocupándose al mismo tiempo de la explotación industrial y médica de esas aguas de composición tan interesante. Surgieron, a la orilla del lago, un cómodo establecimiento balneario y, además, instalaciones para recoger y almacenar el cloruro sódico en el verano y el sulfato sódico en invierno”.
      “De los estudios y preparaciones surgieron los siguientes productos: Sales Totales para Baños, Agua Purgante Epecuén, Sales de Epecuén Iodadas, Sales de Tipo Karlsbad, Sales Epecuén Purgantes, Sales Minas Epecuén para Ganadería.  Los sulfatos de soda se emplearon a nivel industrial para tintorería, fabricación de soda cáustica, de vidrio, etc. Grandes cantidades de sal común encontraron favorable mercado en Buenos Aires y en toda la Provincia.

Etiqueta del agua purgante Epecuén.

      Durante los años de la Primera Guerra Mundial, a pesar de la crisis provocada por esta contienda, se continuaron elaborando nuevos productos tanto para el hombre como para el ganado. El carbunclo causaba estragos en los campos argentinos y en aquellos que habían invertido su capital en la crianza de ganado. Para paliar este serio problema el Instituto lanzó la Vacuna Anticarbunclosa, así como, también, el inyectable Líquido Antiaftoso contra una nueva y virulenta enfermedad que atacó principalmente a las vacas lecheras: la aftosa.


Pabellón de Fisiología y Farmacología Experimental "Carlos Spegazzini" y un depósito para productos elaborados por el Instituto; ambos edificios en Florencio Varela.

      Para 1920, el catálogo de productos era de más de 120 productos que no solo estaban destinados a personas y animales, también los había aplicados a la agricultura y a la industria (tejidos, minerales, aceites, maderas, colorantes, sustancias alimenticias, aguas, tierras, etc.). Este era el fruto del trabajo que durante diez años había desarrollado el doctor Dessy desde la dirección técnica.
      En el laboratorio se realizaban análisis de orina, esputo, sangre, secreciones, y humores; exámenes bacteriológicos, estudios de epizootias y preparación de autovacunas. Se dio a conocer un nuevo tratamiento para estados anémicos, neuralgias y debilidad nerviosa, un inyectable subcutáneo o intramuscular, la Neuro-Plastina.



      En 1921, el doctor Silvio Dessy se embarcó con rumbo a Italia y Suiza con el fin de contratar personal técnico que lo secundara en sus estudios y experimentaciones sobre ganadería. Al mismo tiempo, el Instituto anexaba en Florencio Varela 26 hectáreas a las 50 que ya constituían el campo experimental, y nuevas instalaciones edilicias, entre ellas, un segundo piso en el cuerpo principal coronado de un esbelto mirador. Por toda la propiedad se veían pabellones de estudio y experimentación de elegante arquitectura separados por jardines y parques.
      En 1923 se construye una gran caballeriza modelo de 400 metros cuadrados para 100 caballos de explotación suerífica. Constaba de dos plantas, con techo de tejas y pavimento de adoquines de madera. En la planta alta se almacenaban cereales y forrajes. Otro pabellón de 350 metros cuadrados, estilo chalet, se destinó al empaquetamiento de los productos elaborados. También podían apreciarse los criaderos de conejos, cobayos, cabras y otros animales aptos para extraer las materias para la elaboración de sueros preventivos y curativos de numerosas y graves enfermedades infectocontagiosas.
      Casi al fondo del campo se veían los colmenares en los que las abejas producían la cera virgen para elaborar distintos preparados terapéuticos, y el serpentario con serpientes venenosas procedentes de las selvas chaqueñas y misioneras.
      El establecimiento poseía usina propia en la que se encontraban instalados tres motores productores y un sistema de acumuladores.
      En dos años se logró convertir a la planta en una hermosa villa industrial. Las nuevas instalaciones son inauguradas en 1924 con la presencia del gobernador de la Provincia de Buenos Aires doctor Luis Cantilo. Sabios doctores y profesores pasaron por el Instituto Biológico Argentino destacando el valioso trabajo realizado.
      En 1927 se inauguró la sede del Instituto en Buenos Aires, en la avenida Rivadavia casi esquina Callao. El edificio es de una increíble elegancia y habla de la visión de porvenir de los hombres de aquella Argentina. Por suerte sus instalaciones aún se conservan aunque con otros usos. Hoy se lo conoce como Palacio BIOL y fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997.

El "Palacio BIOL", una maravilla arquitectónica de los tiempos dorados de la Argentina. Aún se halla en pié sobre la avenida Rivadavia, a pocos metros del Congreso Nacional.

Carruaje utilizado para el transporte de productos y materias primas.


Vehículos utilizados para el transporte de productos y análisis.

      En 1947 el doctor Sivio Dessy se retira y fallece tiempo después, en 1951. El Instituto Biológico Argentino sufrió los embates del Estado: expropiaciones, congelamiento de los precios de venta, un convenio de sueldos aplicado con ¡nueve meses de retroactividad! El Estado con su torpeza terminó ahogando la increíble y maravillosa iniciativa de aquel italiano que vino a la Argentina a dejar su sabiduría y su trabajo, el doctor Silvio Dessy. No vivió para ver su desmoronamiento, por suerte. La empresa, reconvertida, siguió funcionado hasta la actualidad, pero la historia más rica es la de aquellos tiempos en los que los sueños podían hacerse realidad teniendo solo en mente la idea de progreso.

El doctor Silvio Dessy poco antes de su retiro.

Marcelo Pablo Scévola (investigación)

Fuente: "Instituto Biológico Argentino 100 años de historia"
              Revista "La Medicina Argentina"
              Suplemento especial del diario "Nueva Era"

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